Piero della Francesca
Detalle de una de las obras de della Francesca donde aparece un autorretrato suyo.
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( La Toscana, Italia 1416-1492)
Algunas obras de Piero della Francesca
La cuestión de las pinturas romanas de della Francesca es bastante complicada. Y es que, según Vasari, el artista pintó dos historias en las Estancias Vaticanas, mientras que después, en la Vita de Rafael, se cita solamente una de la que, sin embargo, no se tiene otra referencia. En 1462, el hermano de della Francesca, Marco di Benetto, recibe de la Cofradía de la Misericordia de Borgo quince escudos. Las desigualdades estilísticas entre las varias partes del políptico de Borgo son característica de la obra.
Piero della Francesca reaparece en su patria en 1467, y se le confían varios cargos públicos, mientras que, en 1468, está en Bastia, cerca de Borgo, para huir de la peste y para terminar el estandarte de la Nunziata, que es entregado a los cofrades de la Compañía el 7 de noviembre del mismo año. Por lo que se refiere a su obra, es probable que el texto pictórico al que Piero della Francesca, con sus veinte años, debió recurrir con más frecuencia mientras trabajaba con Domenico Veneziano, que estaba finalizando los frescos del coro de Sant Egidio, fuese la Trinidad de Masaccio en Santa Maria Novella. En la Trinidad veía aquellos planteamientos arquitectónicos y espaciales que Leon Battista Alberti formulaba por el mismo tiempo y que le debieron de parecer ya tan exactos y ricos en derivaciones hacia la gravitas monumental que desde entonces los adoptó con calor hasta sugerirle desde sus orígenes algunas correcciones sobre lo que Domenico le enseñaba. Por lo demás, la opinión que todavía perdura de una supuesta coincidencia en Piero de la recóndita ciencia perspectiva de Paolo Uccello, se descarta no sólo por consideraciones cronológicas, sino porque el mismo Piero había elegido como maestro y mentor a Domenico, prefiriéndolo a Paolo, y en consecuencia se había iniciado en Sant Egidio antes que en San Miniato. La primera obra de Piero, la Madona de la colección Contini Bonacossi, fue incluso realizada en estrecha vecindad con Domenico Veneziano. La pieza confirma precisos recuerdos florentinos: el paisaje es de Domenico trasladado a una medida más cierta, a una relación más exacta con las figura; mientras Domenico se abandona ya a una mitología naturalista, Piero vuelve a establecer la equivalencia según Masaccio entre hombre y naturaleza, si acaso, descargando la activa determinación del fundador de la estirpe en una especie de sosegada firmeza, en la solemnidad del ritual rústico. En los años de Arezzo, Piero encuentra finalmente el espacio material que necesitaba para experimentar hasta el límite su propia medida. Al contemplar los muros de Arezzo, incluso las obras más antiguas de Piero, el Bautismo y la Flagelación, adquieren una métrica más profunda. En cuanto al tema de sus obras, no existe si no como tema de Piero, ámbitos cortesanos de los antiguos, hombres y países, en los que el eterno ritual de la vida se desarrolló con la tranquila certeza de las cosas que con la humanidad nacieron y perduran. |
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